Introdujimos aves para acabar con la plaga de insectos, pero los pájaros se multiplicaron sin control. Entonces, trajimos ratas para que se devoren sus huevos. Frenamos la reproducción de los plumíferos, pero los roedores se convirtieron en un peligro. La solución lógica fue traer gatos domésticos. Acabaron con las ratas, pero la consecuencia fue un problema aún mayor: por alguna razón genética que desconocemos, los felinos, si bien no crecieron en su número de manera exponencial, cuadruplicaron su tamaño y se volvieron en nuestra contra: ocuparon nuestras viviendas y ahora somos sus sirvientes. Nos obligan a recoger huevos y a cazar aves y ratas, para alimentarlos. A nosotros, sólo nos permiten comer insectos y verduras, que debemos cultivar de manera domiciliaria.
