Los colmillos de marfil son preciados objetos que condenan a muerte a los elefantes en manos de los cazadores, que reciben buena paga de parte de clientes cuyos nombres permanecen en el anonimato.
Así, se extingue la memoria de estos magníficos seres, irreemplazables. Los huérfanos crecen sin aprendizaje, sin transmisión de hábitos, rebeldes.
Quienes los protegen optan por cortar o pintar sus colmillos, para intentar salvarlos.
Es propio del ser humano. Si somos capaces de matarnos y hacernos daño entre nosotros, con más (i)lógica (sin)razón podemos matar animales, destruir ecosistemas, contaminar acuíferos, talar los bosques, en nombre de beneficios materiales. Y en simultáneo, hay quienes cuidan, salvan y reparan.
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