—¡Eres Dios! —exclaman sus doce colaboradores.
Uno de ellos, espía de la competencia, se robará el descubrimiento.
Mientras tanto, la esposa del científico, también científica y autora intelectual de la idea, prepara la cena para sus hijos y calcula cuánto tiempo falta para que crezcan y así poder regresar a sus tareas en el laboratorio.

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