
Yo, la violencia, la transformista, la de mil caras, capaz
de asumir todas las edades, desde las infantiles a las ancianas, me siento
cómoda vestida traje y corbata, de cura, de changarín, de verdulero, oficinista
o soldado. No le hago asco a los puños, los cuchillos, martillos o pistolas,
palos, caños o piedras, todo me es útil para machacar, torturar, golpear,
matar. Ahí donde veo una víctima propicia, me abalanzo. Sobre todo me gustan
las jóvenes y niñas, pero si es niño o mujer adulta o hasta vieja, no importa,
cortar, ultrajar, violar, cortar en pedazos, prender fuego. Disfruto de la
sangre tibia fluyendo, los gritos, los llantos y las súplicas; el sonido de la
carne al desgarrarse, de los huesos que se quiebran, el estertor último de mis
víctimas me da un placer inmenso.
Míos son esos niños que he engendrado y con los cuales me
tomo venganza de la mujer que me deja, mía es esa hembra puta que no me
obedece, amenaza irse con otro, es mía la hija de mi mujer y son míos los
alumnos del gimnasio, los feligreses infantes, los huérfanos, las niñas y los
niños que se drogan. Míos de a uno, de a
grupos, de a miles, todos míos.
Yo, la violencia, el violencio, el falo enhiesto, la gran
verga daga palo arma pum pum pum, yo poseedor de las virginidades, de las
inocencias, de las concubinas y las esposas mías, y de las de los otros, todas
son mías. Penetro y rompo y muelo y pico y asfixio y entierro, la sangre
alimenta mi ego, mi potencia, me da superpoderes de macho.
Yo, violenciahombre, violenciadios, violenciaverdugo,
violenciabruta, me río de las marchas y las consignas y los linchamientos y
toda esa parafernalia de nuncamases. Encierran a uno y nos multiplicamos, somos
esporas, imitadores, clones de machos, nos perfeccionamos y contamos con aliados e
infiltrados en todos y cada uno de los niveles y estratos del sistema, somos degenerados des-generados.
Háganme
discursitos de amor y flores, miren cómo me rio, como me agarro los huevos y me
meneo en sus caras.