viernes, 1 de mayo de 2015

117 - LA REVELACIÓN


El mundo antes de la Explosión de Color tenía sólo dos variantes cromáticas: grises y sepias. Los nombres y variedades de la paleta de colores provenían de la fabulosa imaginación de escritores y pintores. En alguna fecha imprecisa, creíamos, un fenómeno de origen divino, había provocado una combinación de cualidades atmosféricas y mutaciones genéticas, generado la detonación manifiesta de la casi infinita variedad de matices y tonos y, correlativamente, la capacidad perceptiva de los humanos.
Esto, para nosotros, era una “verdad revelada” de la que no dudábamos. Las fotografías "de época" anteriores a la coloración universal, eran fiel testimonio de nuestra aseveración. Nuestros sacerdotes eran los herederos y portadores del espectro electromagnético y los fotorreceptores. Poseían la luz.
Hasta que aparecieron unos revisionistas herejes, hablando de ciertos escritos apócrifos e imágenes que habían permanecido ocultas en las oscuras cavernas debajo de las Bibliotecas del Único Saber, y proclamando que eso era una gran patraña, que todos los colores habían existido desde el principio de los tiempos.
Debo reconocer que yo mismo fui uno de los que persiguieron y quemaron a los detractores.

Hace unos días han llegado a mis manos las fotografías de Sergey Prokudin-Gorsky y de Mervyn O’Gorman tomadas alrededor del 1900, las cuales demuestran que lo que hemos sostenido durante cientos y cientos de años es una falsedad: en aquellos lejanísimos tiempos el color existía en el mundo. Las pruebas hechas a dichas imágenes señalan que son originales y sin trucos.
Ahora que lo sé, me veo en la necesidad de sumarme a los nuevos profetas que se llaman a sí mismos “Científicos de la luz”. No puedo dejar de preguntarme cuáles serían las razones o motivos que llevaron a nuestros sacerdotes a sostener semejante mentira, aunque el hecho de ser quienes controlan todos los hilos del poder me hace pensar que puede ser una miserable explicación basada en el egoísmo, la avaricia y la soberbia.
Ya no sabrán de mí por mi nombre, a partir de hoy, paso a la clandestinidad.

fotos-color-1913-06


Carta hallada por unos viajeros del espacio en un cofre bajo siete llaves
en las oscuras entrañas de la Biblioteca del Unico Saber cuyos estantes no contenían ningún libro.