jueves, 9 de abril de 2015

097 - JUSTICIA DIVINA


Conducía a alta velocidad y con exceso de alcohol, sintiendo que se llevaba la vida por delante. Y así fue: atropelló a un hombre que cruzaba por la línea de rayas, en la esquina, habilitado por el semáforo. Huyó. Quizás si lo hubieran atendido a tiempo, se hubiera salvado. 
Dos personas vestidas de negro lo visitaron días después. 
–Somos representantes de Justicia Divina, sabemos quién sos y lo que hiciste. El fallecido tenía 50 años, persona sana, trabajadora, padre de familia. Según nuestros cálculos probabilísticos hemos determinado la edad de su muerte por razones naturales y recibirás un merecido castigo durante el tiempo ese vida que le arrancaste.
–¿Qué castigo? ¿Por cuánto tiempo?
–No te especificaremos ni una cosa ni la otra. Forma parte de la sanción.
Y se fueron.
Padeció desde entonces, a diario, todo tipo de inconvenientes y desgracias, siendo protagonista de desventuras y constantes problemas. No había un área de su miserable existencia que no se viera afectada por adversidades.
–Te meó una manada de dinosaurios –le decían los amigos, burlándose.
–El rey de la mala suerte –justificaba la familia.
Él callaba. Si contaba la verdad debería asumir que había matado y hecho abandono de persona.
Cuando habían transcurrido 27 años, 3 meses y 11 días después de aquella aciaga noche de borrachera y velocidad desmedida, despertó y a medida que pasaban las horas, fue comprobando que no sucedía nada malo. Disfrutó como nunca, feliz por tener, al fin, posibilidad de rehacer su vida.
–¡Al fin terminó mi condena! –no dejaba de repetirse… sin pronunciar palabra.
A la madrugada, cuando regresaba de festejar, un atolondrado al volante se lo llevó puesto y lo dejó tirado, desangrándose en medio de la avenida.
Le pareció ver dos siluetas observándolo, antes de que la oscuridad y el silencio se apoderaran de todo.