sábado, 7 de marzo de 2015

066 - NIMRUD


A los felices pueblos de todos países, así como a las gentes de Kalhu,
los festejé durante diez días,  y les di de beber vino, los bañé, los ungí y los honré
 y los envié de vuelta a casa llenos de paz y alegría.
Azure


Nimrud yace convertida en escombros.

Por 3000 años el tiempo la fue vaciando de habitantes, de poderío, de dioses.
Sus muros, sus palacios, sus obeliscos, sus estatuas, permanecían puliéndose al viento
luego del paso de babilonios y medos,
y de arqueólogos forasteros.
Historia de roca y de labor humana, de sangrientas guerras, 
recordatorio de la fragilidad y de la fortaleza, de lo transitorio y de lo perenne.

Pero todo resto es memoria, es herejía.
Hizo falta el martillo, pum, pum.
Luego, el bulldozer, crash.
Polvo junto al Tigris, Nimrud.
Hay un sólo dios, Alá, gritan, golpeando, al ritmo del pum, pum, crash.
Hay que herir a Irak.

Los antiguos y desaparecidos dioses y los reyes ya no estaban.
Nadie pudo defender a los toros alados,
ni siquiera el guardián asirio que se desplomó
entre las risas y los alaridos triunfales
de los fundamentalistas.

Nimrud, antigua capital de Asiria,
-Kalkhu, Calaj, Kalakh-
volvió a ser desierto.
Ni un dios, ni muchos.
Volará aún, arena en el viento, cuando ya nadie la recuerde.