domingo, 19 de abril de 2015

105 - EL NAUFRAGIO


Nunca llegó el diluvio prometido, sino la sequía y el hambre. Esperamos por la lluvia, pero nos arrojaron bombas y nos persiguieron, expulsándonos de nuestros hogares. Rezábamos, rogábamos a los dioses que mandaran el agua, mucha agua, para lavar la tierra contaminada, los basurales, la mugre que sembramos. Pedimos de rodillas que llueva, que caigan chorros del cielo, para limpiarnos los lágrimas, la sangre, la inmundicia de los corazones. Danzamos y elevamos plegarias, queríamos ser salvos de la destrucción de topadoras y fusiles, de las decapitaciones y las torturas, de la locura del poder. 

El barquero vino a la aldea y dijo a todos que los pronósticos auguraban el diluvio universal. Más allá del mar, está la luz, la libertad, la felicidad y la vida eterna, aseguró. Ustedes son los elegidos. Nos invitó a subir al arca, a cambio de nuestros bienes y fortuna. 
Embarcamos.  
Pero fuimos abandonados, quedamos solos en medio del océano, a la deriva, sin capitán, sin timonel, sin maquinista, sin remeros, sin brújula.
No había una sola gota de agua dulce en la nave, y la lluvia jamás cayó, la orilla no era visible.
La sed en el mar es más sed.
Cuando a estribor, a lo lejos, vimos un barco, corrimos todos a la borda, a hacerle señas. El arca se inclinó, más, y más... se dió vuelta y se hundió.
No sabíamos nadar.
Pensé... el arca de Noé estaba destinada a salvar bestias, sólo dos de cada especie. Eramos demasiados humanos para ser todos salvos. Tomé de la mano a mi esposa, me aferré a un madero y a una estúpida esperanza.

OPERACIÓN DE RESCATE. Segundo premio en "Noticias generales", del italiano Massimo Sestini.