El fuego se veía a distancia, en ese paraje aislado.
Una llamada telefónica entrecortada, por la escasa señal, dio la alerta: había ocurrido un accidente en la ruta, un camión se incendiaba.
Cuando la policía y los bomberos estaban llegando al sitio, el aroma inconfundible en el aire los recibió. A un costado de la ruta estaba el chofer del vehículo, con una venda en la cabeza y un cabestrillo en su brazo, sentado en un tronco. Formando un círculo, tres paisanos lo acompañaban: todos mordían y chupaban grandes trozos de carne asada. Uno tenía una pata entera. Otro, un costillar.
Los servidores públicos se acomodaron y se sumaron a la comilona.
Nada se podía hacer ya para salvar el camión frigorífico y su carga.
Alguien hizo una broma deseando que volcara ahí mismo un transporte de vino.