En marzo, Floralis volvió a abrir y cerrar su enormes pétalos de acero y aluminio fundido, que habían permanecido abiertos durante años. En setiembre, al llegar la primavera, se tornasolaron y los pistilos exhudaron un aroma penetrante y embriagador.
Apareció entonces una enorme mariposa metálica sacudiendo el aire con sus alas y se posó sobre ella. Los estigmas se abrieron y un polen como de purpurina, se introdujo por ellos. Luego el lepidóptero se fue, y Floralis se cerró.
Así permaneció por meses, a pesar de todos los intentos de los ingenieros hidráulicos por repararla.
Hasta que empezó a mutar y convertirse en fruto.
Las semillas de Floralis se convirtieron en el producto de exportación más rentable del país.
