sábado, 28 de febrero de 2015

059 - SÍNDROME DE SALOMÓN


Él sabía la respuesta correcta, estaba tan seguro de ella como de que se llamaba Salomón. 
Todos los demás sujetos interrogados estaban errados. Esta vez eran trescientos cuarenta y nueve personas equivocadas en la sala. En otros casos y circunstancias, habían sido diez; en otros miles, y en un par de casos muy graves que recuerda patente, millones.
Pero no estaba dispuesto a ser señalado, ridiculizado, atacado o marginado, ni a ser tratado como loco, anómalo, rebelde, disconforme, revolucionario, reaccionario, desestabilizador, provocador, estúpido, ignorante, envidioso o, incluso, antidemocrático. 
Entonces, aseveró repitiendo lo mismo que decía el 99%. 
Aplausos, palmadas mutuas en la espalda, aprobado para todos y chin chin chinchulín. Uno más con el cardumen.

Suspiró aliviado. Al menos en esta ocasión no había surgido otro tarado diciendo lo mismo que él pensaba y callaba, poníendo en jaque su conciencia.