jueves, 26 de febrero de 2015

057 - EL MARGINADO


Me siento ofendido.
Envié unas fotos de mis tatuajes al periodista Carl Zimmer, para su libro Science Ink y las ha rechazado. Me las devolvió con una nota bastante condescendiente; intuyo que lo hizo para no mortificarme y protegerse de mi reacción, aunque también considero que pudo haber sido para prevenirse de posibles cuestionamientos legales.
Lo que más me molesta es que no considere dentro del rango de ciencia a mi profesión. Investigo, analizo, hago trabajo de campo, ejercito, empleo estadísticas; mi actividad exige conocimientos de economía, política, geografía, psicología, matemáticas, historia, tecnología de punta, relaciones humanas, botánica, zoología, computación, química, física, neurología, medicina y hasta astronomía. Poder llevar adelante mi tarea requiere de multiplicidad de saberes y experiencias; por desgracia es imposible acreditar lo aprendido y hecho mediante certificados o títulos académicos. 
Sólo los rostros de mis víctimas, en el estado en que quedaron al morir, tatuadas en mi piel, acreditan mis dichos.
Ser espía y asesino es una ciencia, sí señor.