Carta abierta a L. B.
Con relación a su nota publicada en el periódico, de la cual me he anoticiado en el día de la fecha, le hago saber a Ud. que yo no perdí ningún bebé.
Más allá del subtítulo -que aclara la situación-, y del artículo -que especifica con claridad los datos de manera veraz- el título de la nota tergiversa de manera inaceptable el drama que me sucedió y que aún padezco.
Uno puede perder a un bebé porque lo deja olvidado en un colectivo, o en un descuido se le queda cochecito e infante en una plaza, o se le cae y no se da cuenta de eso, situaciones todas que son bastante improbables, pero no imposibles.
Pero si Ud. diera a luz a un niño amado y deseado, saludable y vigoroso, habiendo testigos fiables que lo vieran, y al despertar de la anestesia esa criatura ya no estuviera en la cuna al lado de su cama en la sala del hospital, y los médicos le dijeran que se murió y no le entregaran partida de defunción ni le mostraran su cuerpecito ni su tumba, ¿diría que lo perdió?
Me lo robaron. No fui ni soy una persona tan irresponsable como para extraviar un hijo. Y me he pasado la vida tratando de develar la verdad y encontrarlo.
Le solicito, por lo tanto, las debidas disculpas, y que se edite y corrija el título de la nota.
Muchas gracias.
M. del C. B.
PD: Aclaro que la carta precedente es absoluta ficción y fue redactada por la autora del blog.
BEBE PERDIDO (aporte de Patricia Kieffer)