
Necesitaba ir lejos y rápido. Mis bebés corrían peligro.
Le pedí ayuda al pájaro carpintero.
A pesar de haber intentado comérmelo en otras oportunidades, accedió, aunque el muy atrevido me exigió que nunca más lo atacara ni a él ni a sus pichones.
Me monté en su espalda y en un sacudir de alas, llegué a tiempo para proteger a mis crías del lobo.
Me había dado hambre y mis crías reclamaban alimento..., pero llegamos a un nuevo arreglo: construyó una hermosa cerca para proteger mi cueva de la bestia peluda y mandaté a mis hijos para que respeten a su familia por dos generaciones.
Negocios son negocios. Y soy una comadreja de palabra.