
El experimentador de riesgo preparó una nueva prueba: saltaría sobre una cama elástica previamente mojada y congelada.
Golpeó con los nudillos enguantados sobre la superficie rígida, dura y fría. Conforme con la consistencia, verificó las cámaras que filmarían y tomarían fotografías seriadas, subió al trampolín, y saltó.
La cama elástica permaneció incólume.
Su cuerpo se hizo trizas, estallando al hacer contacto. Miles (por no decir millones) de pedacitos helados de formas irregulares, se esparcieron en el área.
No hubo testigos y las cámaras no filmaron ni fotografiaron nada. Pero quedaron sus notas.
Las teorías sobre su desaparición son más o menos tan extrañas como lo que sucedió.