Toda plebeya (sin caer en los extremos de provenir de la servidumbre) convertida en princesa moderna y elegante, puede burlarse del destino y calzarse unos zapatitos de vinilo transparentes, símil cristal, usables de día o de noche, sin riesgo de que se rompa el encanto y deba volver a usar unas confortables y rústicas ojotas o alpargatas.
Delicias de la monarquía del siglo XXI, tan plástica y conveniente.