miércoles, 28 de enero de 2015

028 - EL PORTAL


En el bosque que rodea mi cabaña pasaban cosas raras. O mejor dicho, me sucedían a mí.
Siempre que salía a recorrerlo encontraba objetos en los árboles, al costado de una roca, en medio de la hierba: rifles de madera agrietada, ruedas de carro oxidadas, calzones de raso con puntillas, canastas de mimbre, sombreros, puertas, guantes, platería, libros, retratos en sepia con marcos de oro y hasta ramos de flores de boda. Así fue como armé una colección de antiguedades en la sala.
Supuse que había algún portal misterioso que se activaba con mi presencia.

Esta mañana tomé un sendero escondido entre unos matorrales, al que nunca antes había accedido y hallé una esfera translúcida que no era ni del pasado ni de este mundo. Estoy segura de eso.
Parecía pesada pero en mis manos se sentía liviana y muy, muy fría. La guardé en el morral y decidí regresar.

Volví sobre mis pasos pero a pesar de mi excelente sentido de orientación, no hallo mi cabaña. El paisaje muta a cada paso que doy, paso al lado de un enorme árbol y al darme vuelta es apenas un retoño. El perfil de las montañas cambia drásticamente sin ruido ni temblor alguno. El aire se siente cada vez más saturado de oxígeno.

No tengo miedo. Adivino la respuesta a mis viejos interrogantes y la aguardo con ansia.