Hace un año, el corazón de mi papá dejó de latir. Eran las 6.20 de la madrugada.
Tantos años levantándose tempranísimo para ir a trabajar... y eligió esa hora para descansar por siempre.
No salió en los diarios entonces, no hay recordatorios ahora, ni actos in memorian, ni coronas ni homenajes. Pero yo quiero que se sepa: mi padre era un hombre honesto, una buena persona, un hombre de honor y de palabra. Con errores y defectos (¿quién no los tiene?), Fue amado y admirado y odiado y despreciado y respetado. Sufrió por ser recto, y fue premiado por ello.
Hace 365 días que mi papá vuela en el aire, en el viento, rueda en la lluvia y en los ríos, se hace espuma en el mar, alimenta plantas en la tierra y se vuelve semilla y ala de pájaro.
Seguramente lo extrañan el Club Piedrabuena, el océano de El Cóndor, los trigales...
Siempre habita, de alguna misteriosa forma, en mis palabras.
PD: Este texto carece de links. No los necesita.