
Corrió, corrió, corrió. Corrió hasta olvidar por qué o para qué lo hacía. ¿Huía? ¿Buscaba algo? ¿Temía llegar tarde a algún sitio?
Dudó.
Se detuvo.
Con cierta aprensión, volvió sobre sus pasos.
Estupefactos por su regreso, encontró al lobo feroz, al dinosaurio, a la muerte, al amor.