
Las pruebas no eran suficientes y tampoco había testigos directos que los incriminaran. No pudieron probarse motivos ni establecerse la mendacidad de sus coartadas; el arma homicida no fue hallada.
Todos y cada uno de los sospechosos del crimen debieron ser liberados.
La causa se archivó.
Con el transcurso de los meses y de los años, en diversos hechos violentos, murieron los sospechosos.
La víctima, ahora, descansa en paz.