
Doblada por las puntadas en el vientre, la muchacha entra a la guardia del hospital.
Le hacen preguntas, ejecutan una batería de análisis y el diagnóstico es demoledor: "Estás embarazada".
-Imposible -dice, totalmente convencida.
-No te habrás cuidado, pensalo... a veces sucede, estás tomando anticonceptivos y te salteás una pastilla, o se olvidan de usar profiláctico, sucede siempre- trata de tranquilizarla la enfermera.
-Imposible, imposible -repite la joven.
-Bueno, hay margen de error en todos los anticonceptivos, hasta en los DIU.
-Pero es imposible, te digo. ¡Soy virgen!
-Sí, sí, claro... después me explicás eso pero ahora vamos a la sala de partos que ya nace.
Y nació nomás.
Una pequeñísima niña. La llamó Ikalemen.
Los estudios fueron concluyentes: era un clon de su madre.
-Imposible -dijeron los médicos.
-Imposible -repetían las enfermeras.
-Imposible -decretaron las autoridades hospitalarias y de Salud Pública y más arriba.
-¿Partenogénesis? -arriesgó alguna voz científica, que pretendía "estudiarlas".
-Ya hay suficientes religiones y el mundo está demasiado complicado como para sumar este nacimiento extraño -acordaron los capos de los capos y las capas de las capas.
-Estallaría el caos -se horrorizaron.
-Ya saben qué hacer, que parezca un accidente -fue la orden.
-O un homicidio seguido de suicidio -sugirió alguien, mirando el techo.
-O que desaparezcan -terció un experto.
No se supo más nada de Ikalemen ni de su madre, Amakáik Kooch. Las dos hembras, de piel oscura, ojitos aindiados... ¿a quién podría importarle?
LA MUJER QUE NO SABIA QUE ESTABA EMBARAZADA aporte de Cristóbal Amodeo
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