martes, 19 de mayo de 2015

135 - LA LETRA CON SANGRE ENTRA


A nuestros niños les dábamos de palos en la cabeza o los empujábamos barranca abajo. Había que darles correctivos, castigarlos y las palabras suelen no ser suficientes.
De vez en cuando alguno se nos moría, y unos cuántos quedaban machucados. El ejemplo servía para que, cuando llegaran a ser padres, fueran capaces de repetir lo aprendido en la infancia con sus propios hijos. 
Cada tanto nos sorprendía un genio que, producto de conmoción cerebral, no sólo perdía la memoria sino que se convertía en artista o as de las matemáticas. 
Entonces, nos congratulábamos los unos a los otros acerca de la validez de nuestros métodos de enseñanza.