
Ya no andan por las calles, ni de día, ni de noche.
Tampoco en nuestras casas.
Podría decirse que se extinguieron, porque sólo quedan algunas pocas viejas marchitas e infértiles.
Son unas ancianas inservibles, que sólo lloran y se lamentan. Si no se callan pronto habrá que hacer algo al respecto.
Las violamos, las mancillamos, las golpeamos, las matamos a todas. A las rebeldes y a las que defendías su rebeldía, a las libertarias y a las que apoyaron su liberalidad. A las que se resistieron y a las que se dejaron sin protestar. Y por si acaso, a las que mantenían silencio y bajaban la cabeza, también las asesinamos.
Ahora, nuestro mundo es puro.
Somos todos hombres.
Y bien hombres.