En el cementerio hay doscientos treinta cruces, simétricas, equidistantes, blancas. Ciento veinte de ellas tienen nombre y apellido. Las otras ciento diez, dicen "Soldado argentino sólo conocido por Dios".
¿Sólo conocido por Dios?.
A ellos los conocían, los parieron, los amaban, los llamaban. Tenían nombre, apellido, edad, apodo, miradas, corazón, estómago.
Yo estoy segura que sus madres sabían bien qué comida les gustaba, cuál deporte preferían... sus noviecitas habían aprendido la caricia para estremecerlos, la palabra que alegraba. Y sus amigos estaban al tanto de sus sueños.
Pienso que los recuerdan y los imaginan, también, de mi edad.
Porque tenían mi edad entonces.
Cuando esperaba el colectivo a la vera de las vias sobre el puente ferrocarretero que une Viedma con Patagones los veía pasar en los trenes .
Tengo presentes esas caritas sonrientes y esas manos agitándose a través de las ventanillas. Los saludaba con el brazo en alto, ¡chau chau!!!
Tampoco pude olvidar los vagones que llevaban cajones de madera.
Pensaba entonces: no es cuestión de azar que no esté ahi ahí, yendo o volviendo. Es que soy mujer. No fui a sorteo. La colimba era cosa de hombres, nomás. Maldije ser mujer en esos días.
Sólo dos días antes, el 30 de marzo de 1982, había sido la Huelga General, hito de resistencia contra la Dictadura Militar, confluencia de trabajadores y de luchadores por los Derechos Humanos que salieron a las calles en todo el país y fueron reprimidos ferozmente. El Proceso de Reconstrucción Nacional se caía a pedazos y quisieron emparcharlo con una guerra. El incidente con la bandera argentina en las Georgias del Sur, les vino como anillo al dedo. Lograron pasar de una plaza que pedía que se fueran "Se va a acabar, se va a acabar, la Dictadura Militar", a una plaza que celebraba con ellos en el balcón, la recuperación de las islas.
649 muertos.
600 suicidios.
33 años de memorias y desmemorias.
Por favor, quienes lean esto, infórmense. Es necesario entender la dinámica de los acontecimientos. Comprender que cuando el poder se desestabiliza (fruto de su propio accionar)
inventa gestas para sostenerse.
Pasó, pasa, y puede volver a pasar.