La genética no es infinita. Todos tenemos o hemos tenido o tendremos un ser idéntico a nosotros en algún tiempo y lugar. Siempre lo sospechamos, más allá de las pruebas científicas y de las fotografías y cuadros de personas que parecían ser nosotros.
Cuando pudimos armar la base de datos en red mundial fue abrumador: nos hallamos espejados en cientos de rostros, los adultos encontraban niños iguales a los que habían sido, decrépitos ancianos demostraban que alguna vez fueron jóvenes a adolescentes rozagantes... que de pronto se daban cuenta cómo se verían en 60 o 70 años...
Ya nadie estaba seguro de su identidad.
¿Yo soy yo?
¿Él es él o alguien que lo ha sustituido?
¿Ella es ella o es otra que ha ocupado su lugar?
Pasado el trauma y la crisis, decidimos hacer a un lado el drama, y divertirnos como si el planeta fuera un inmenso juego de roles.
Publicado en Lluvia de arañas, Macedonia Ediciones, Argentina, 2016, página 32.
ResponderEliminarLAS COPIAS DE LAS COPIAS DE LAS COPIAS
Como siempre lo sospechamos, la genética no es infinita. Todos tenemos o hemos tenido o tendremos un ser idéntico a nosotros en algún tiempo y lugar.
Al armar la base de datos en red mundial el resultado fue abrumador: nos hallamos espejados en cientos de rostros de edades semejantes, los adultos encontraron niños iguales a los que habían sido, decrépitos ancianos se enfrentaban con los jóvenes rozagantes que alguna vez fueron y éstos se percataban de cómo se verían con el paso de los años.
Ya nadie estaba seguro de su identidad. ¿Yo soy yo? ¿Él es él o alguien lo ha sustituido? ¿Ella es ella u otra ha ocupado su lugar?
Pasado el trauma y la crisis, decidimos hacer a un lado el drama y divertirnos como si el planeta fuera un inmenso juego de roles.