El hombre entró sigilosamente a
su departamento y cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido; había
regresado después de haberse mantenido oculto de sus acreedores.
Ahora venía por su dinero; mejor dicho, el dinero de los otros. Pensaba darse
la gran vida, luego de cuatro años de vivir aislado en pueblos de mala muerte. Alumbrando
el camino con una linterna llegó al dormitorio y abrió el placar. Allí estaba
la caja con el dinero; o eso creyó…
Grande fue su sorpresa al
encontrar la caja vacía.
—¡Quién me robó! —gritó.
—Yo… —respondió una vocecilla. El
hombre casi se infartó al ver un pequeño gnomo que salía del armario.
—No te asustes… solo hice lo que
debía hacerse.
—¿Quién eres?
—El duende de los sueños… y tú
has destruido muchos sueños, los sueños que esa gente tenía, la que te dio el
dinero y se lo robaste. Pero fui compensando sus pérdidas dándoles otros sueños…
otras ilusiones… y eso costó dinero; fui sacando de tu caja… ya ves. Ellos ya
no te buscan; pero en el mundo de los sueños, nunca se olvida a quien mata a
uno de los nuestros —dijo oscureciendo la mirada—. Háblame de ti…
—Yo… el hombre empezó a balbucear
explicaciones, pero un destello de verdad que salió de la mano del gnomo, le
impidió mentir. Así contó su vida en dos horas de monólogo. Habló de su fama,
de su importancia en el mundo literario, de su plan para vivir de los demás…
—¿Así que prometiste editar libros que nunca salieron? Bien, ya tengo la forma de
reparar lo que hiciste; serás un ejemplo para advertir a los demás del peligro que
se corre al confiar en gente como tú.
—¿Qué, qué harás conm…
No llegó a terminar la frase. Con
un ligero ademán, el duende lo convirtió en una pila de libros; su cara, con
expresión altanera, estaba inmovilizada en las tapas.
Al día siguiente, un camión
recorría las librerías distribuyendo un libro que sería récord de ventas; su
título: “Historia de un estafador. Cómo evitar que lo engañen”.

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