lunes, 2 de marzo de 2015

061 - EL CLUB DE LOS ANIMALITOS


El Club de los Animalitos era un club muy especial.
No tenía socios. Y menos que menos, socios animales.
O sea, no tenían carnet de socio ninguno de los doscientos cuarenta animalitos que vivían allí, ni los tigres de bengala, ni los osos, ni siquiera el único tucán.
Por otra parte, los presuntos miembros del club vivían encerrados en diminutas jaulas, sin derecho a voto. A voz sí... rugían, chillaban y gritaban a más no poder. 
El dueño del Club de los Animalitos (porque si algo sí tenía el Club, era dueño) estaba un tanto confundido respecto de su función: decía que eran su colección privada, sus mascotas amadas, lucraba con ellos haciendo pagar entradas para verlos y reproduciéndolos. Se sentía un salvador rescatista benefactor amigo de animales y de votantes y, como si eso fuera poco, era Diputado y miembro de la Comisión de Medio Ambiente de la Legislatura local.

Ahora que los animalitos han sido sacados de ese espantoso lugar y trasladados a otros sitios donde pueden vivir en mejores condiciones, se estudia qué hacer con las instalaciones de aproximadamente 1000 m2. Están buscando hallar un uso útil a las pequeñas jaulas de rejas verdes que se alinean a lo largo de los pasillos. La semejanza con el sistema carcelario ha hecho que algunos estén pensando en proponerla como sitio de reclusión para quienes cometan delitos de lesa animalidad. Incluso se barajan nombres como "El Club de los Infrahumanos".




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