Ya no andan por las calles, ni de día, ni de noche.
Tampoco en nuestras casas.
Podría decirse que se extinguieron, porque sólo quedan algunas pocas viejas marchitas e infértiles.
Son unas ancianas inservibles, que sólo lloran y se lamentan. Si no se callan pronto habrá que hacer algo al respecto.
Las violamos, las mancillamos, las golpeamos, las matamos a todas. A las rebeldes y a las que defendían su rebeldía, a las libertarias y a las que apoyaron su liberalidad. A las que se resistieron y a las que se dejaron sin protestar. Y por si acaso, a las que mantenían silencio y bajaban la cabeza, también las asesinamos.
Ahora, nuestro mundo es puro.
Somos todos hombres.
Y bien hombres.
Publicado en Lluvia de arañas, Macedonia ediciones, Argentina, 2016, página 43.
ResponderEliminarMACHISMO A LA ENÉSIMA (IM)POTENCIA
Las mujeres ya no andan por las calles, ni de día, ni de noche. Tampoco en nuestras casas. Podría decirse que se extinguieron, porque sólo quedan algunas pocas viejas marchitas e infértiles.
Las violamos, las mancillamos, las golpeamos; las matamos a todas, a las rebeldes y a las que defendían su rebeldía; a las libertarias y a las que apoyaron su liberalidad. Matamos a las que se resistieron y a las que se dejaron sin protestar y, por si acaso, a las que mantenían silencio y bajaban la cabeza, también las asesinamos.
Ahora, nuestro mundo es puro.
Somos todos hombres.
Y bien hombres.