Había leído que en la Torre de Talero, llamada "La Zagala", había un fantasma que, vestido de blanco, deambulaba por los salones y los parques. Varias personas me contaron haberlo visto, y se decía que era de una mujer, un amor prohibido, ya que ella era casada.
Pero soy incrédula; esas "leyendas urbanas" nunca agitaron mi espíritu.
En ocasión de realizar una jornada fotográficas, concurrí a la torre con mis modelos y mi cámara. Hice muchas tomas, tanto a ellas como a otros participantes que, vestidos al efecto, posaban con sus atuendos y accesorios.
Recién al bajar las fotos a mi computadora lo vi. Revisé todas las imágenes anteriores y posteriores, para verificar si no se trataba de un defecto de la lente o una basurita, pero no. Sólo en esas fotos el fantasma aparecía; se había deslizado invisible a nuestra mirada entre mi cámara y las modelos.
Así, sin editar, sin retocar, conservé esas dos fotografías.
No he regresado a La Zagala.



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