
Cada avioncito que te envío porta un mensaje. Tomo hojas de papel, escribo, los pliego, y cuando tengo varios, comienzo a lanzarlos, uno a uno. Algunos apenas logran sostenerse unos centímetros y se estrellan contra la vereda, otros acaban entre las ramas de los árboles y los más, aplastados, en la calle, bajo las ruedas de los autos. Pero sé que lograré atravesarla y de mi balcón hasta el tuyo, en el edificio de enfrente, volarán mis palabras y llegarán a tus manos. Y ahí estaré yo, aguardando extasiado tu reacción.
Lo que no sé es cuál mensaje llegará y esa es la parte que me genera más adrenalina y curiosidad, la que involucra al azar más azaroso, ya que los mensajes son todos diferentes. Unos dicen te amo hasta el infinito, otros expresan que eres horrible y despreciable, reclamos por ruidos molestos, propuestas indecentes, versos románticos e incluso he escrito pidiéndote casamiento.
Será la buena o mala suerte la que decida nuestro futuro.
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