miércoles, 20 de mayo de 2015

136 - LLUVIA DE ARAÑAS


Soy perezoso y me gusta remolonear en la cama, así que tus alertas de incendio, bomberos, ladrones, para hacerme levantar, habían perdido su efecto.
¡Llueven arañas! ¡Llueven arañas!. me dijiste esta mañana, despertándome.
No quise creerte, siempre fantaseabas y exagerabas, como aquella oveja de la fábula que gritaba alertando a sus congéneres ¡Viene el lobo, viene el lobo! hasta que dejaron de prestarle atención. 
Pero un día el lobo vino y se las comió. 
Ahora, desde el capullo de telaraña que me envuelve y no me permite moverme, mientras siento las cosquillas de miles de patitas y las miradas de sus ojos múltiples, lamento no haber confiado en vos.
Espero hayas podido huir sana y salva, mi amor. 


2 comentarios:

  1. Publicado en Lluvia de arañas, Macedonia Ediciones, Argentina, 2016, página 52.

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  2. LLUVIA DE ARAÑAS

    —¡Llueven arañas! ¡Llueven arañas! —gritaste esta mañana, despertándome.
    ¿Cómo creerte, si siempre fantaseabas y exagerabas? Soy perezoso y me agrada remolonear en la cama, por lo cual tus falsas alertas de incendio, ladrones e inundaciones, pretendiendo hacerme levantar, habían perdido su efecto.
    Eras como aquella oveja de la fábula vociferando a sus congéneres una y otra vez su mentira: ¡Viene el lobo, viene el lobo! Y dejaron de prestarle atención.
    Pero un día el lobo vino y se las comió.
    Ahora, envuelto en este capullo de telaraña, impedido de movimiento, mientras siento las cosquillas de miles de patitas y las miradas voraces de ojos múltiples, lamento no haber confiado más en vos.
    Espero hayas podido huir sana y salva, mi amor, y me perdones no haberte creído.

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