En un acto de magia llamado "ley" en aquel país donde nunca jamás se convierte en siempre posible, los desafortunados poseedores de miles de billones de pesos locales, considerados hasta entonces, multimillonarios, pasaron a ser simples titulares de unos billetes extranjeros de unos pocos pesos que, sin embargo, seguían alcanzando apenas para comprar un poco de pan.
Muerta la fantasía de ser ricos, los pobres se sientan a departir las noticias y echan la culpa al torpe genio de los deseos al que, por desnutrición, le fallo la comprensión y la fantasía.

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