El hombre, sentado
en el banco del parque, espera. La Vía Láctea, indiferente, dibuja su trama
giratoria a lo largo de la noche.
Mientras observa, piensa:
"Estoy solo en la infinitud del universo, soy invisible al cosmos. El no-ser-mirado, ¿hace al ser inexistente?
Una estrella fugaz
cruza el cielo en su dirección.
El hombre sonríe,
sabe que ha sido visto.
Cierra los ojos.
Todo desaparece.

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ResponderEliminarGracias!
ResponderEliminarPublicado en Lluvia de arañas, Macedonia Ediciones, Argentina, 2016, página 10.
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