Veo una calavera: dos profundos orificios me observan desde el hueco de las órbitas, no hay nariz que cubra las fosas nasales, los dientes y las muelas muestran una obscena sonrisa. El cráneo redondo es irregular y carece de orejas aunque me pregunto si puede oírme.
Estiro mi mano para tocarla y confirmo su existencia cuando mi huesuda mano hace contacto con una huesuda mano en el cristal que me refleja.

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