
–Cinco pisos, ciento treinta y nueve celdas, rejas y cadenas
para recluir y separar a los enfermos mentales de los humanos normales y sanos –relata
el guía.
Segregación, estigmatización y criminalización, pienso.
–¿Sabía que Narrenturm tenía un pararrayos en el tejado
porque los locos internados requerían grandes dosis de descargas eléctricas
para sus tratamientos? Pocos conocen ese dato –comenta el guía.
Segregación, estigmatización y criminalización, pienso.
Narrenturm. Nadie puede visitar Narrenturm sin conmoverse.
Era un hospicio. Se recicló como museo.
Como un autómata, recorro las vitrinas llenas de
deformidades, frascos con seres extraños pseudohumanos, esqueletos retorcidos,
pústulas conservadas en formol, tripas con cánceres, cadáveres abiertos, trozos
de cuerpos, pedazos de rostros, cráneos gigantes, pinturas que retratan
horrores, fotografías y reproducciones de cera de vulvas mostruosas, penes
abominables, bebés cuasiextraterrestres.
–Cincuenta mil objetos –menciona el guía– ahora es el museo
patológico más grande y más antiguo del mundo –agrega.
Me pregunto si Lovecraft habrá conocido este lugar.
Ya no puedo dormir. Ya no puedo vivir.
Los fantasmas de los pobres trastornados, encadenados en sus celdas, atravesados por los rayos, sacudiéndose en
alaridos y clamando piedad, me atormentan.
Referencias
Imagen
Publicado en Lluvia de arañas, Macedonia Ediciones, Argentina, 2016, página 24/25.
ResponderEliminarEL HORROR DE NARRENTURM
–Cinco pisos, ciento treinta y nueve celdas, rejas y cadenas para recluir y separar a los enfermos mentales de los humanos normales y sanos –relata el guía, mientras recorremos La torre de los locos de Viena.
Era un hospicio y se recicló; ahora es un museo. Un testimonio de segregación, estigmatización y criminalización.
–¿Sabían que Narrenturm tenía un pararrayos en el tejado porque los locos internados requerían grandes dosis de descargas eléctricas para sus tratamientos? Pocos conocen ese dato –comenta, con naturalidad ominosa.
Recorro, como un autómata, las vitrinas llenas de deformidades, frascos con seres extraños pseudo-humanos, esqueletos retorcidos, pústulas conservadas en formol, tripas con cánceres, cadáveres abiertos, trozos de cuerpos, pedazos de rostros, cráneos gigantes, pinturas retratando horrores, fotografías y reproducciones de cera de vulvas monstruosas, penes abominables, bebés cuasi-extraterrestres. Escalofriante.
–Hay unos cincuenta mil objetos, es el museo patológico más grande y más antiguo del mundo –agrega. Percibo orgullo en sus palabras. Me pregunto si Lovecraft habrá conocido este lugar tenebroso.
Esa noche, en el hotel, no puedo conciliar el sueño. Los fantasmas de los pobres trastornados atravesados por los rayos, sacudiéndose en alaridos y clamando piedad, me atormentan. Temo dormirme y despertar loco, encadenado en una de esas celdas letales.