
Las bellísimas muchachas caminan por la pasarela luciendo
las últimas tendencias de la moda: prendas hechas con smarthphones reciclados.
Son mujeres ideales, imitadas por las del mismo sexo,
deseadas por féminas y masculinos: tienen sus rostros cubiertos de
granitos, la piel opaca y rugosa y poseen seductoras dobles papadas. Algunas, las más top, tienen
triples papadas. Si bien se murmura que son producto de cirugías plásticas, ellas
insisten en adjudicar a su esfuerzo propio esos colgajos que ondulan a cada
paso.
¿Y la postura? Como lo dictan las normas del buen andar, pasean sus
columnas encorvadas hasta lograr jorobas y exhiben sin pudor sus prominentes
vientres sedentarios. Arrancan aplausos de las tribunas y los flashes de miles
de teléfonos y cámaras las iluminan, inmediatamente reproducidas en las redes
sociales y programas fashion.
Encabezan el desfile las dos modelos más cotizadas,
mostrando en alto sus enormes pulgares y sus índices reducidos al tamaño de
meñiques. Son, sin duda alguna, el símbolo máximo de una generación postmoderna
y ultratecnológica.
Para finalizar, se anuncia un show de imitadores de
emoticones que enseña a los asistentes a manifestarse contorsionando sus
rostros con las infinitas posibilidades de los "facesticker".
"Menos es más" dice el presentador.
"Ahorra
en palabras, invierte en tecno": el slogan de la campaña de la temporada,
es todo un éxito. La gente, en masa, se deshace de sus teléfonos celulares en
los sitios establecidos al efecto, para convertirlos en prendas de vestir personalizadas
y, por supuesto, compra teléfonos nuevos.
Referencias:
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