A medida que la población fue adquiriendo conciencia, se multiplicaron en el planeta los entierros biodegradables. Los féretros y urnas fueron sustituidos por cápsulas en forma de huevo en las que los cadáveres, en posición fetal, eran enterrados con un retoño a elección. Los nuevos bosques suplantaron a los fríos mausoleos, las sepulturas de mármol y las cruces de madera.
Cada muerto ofrendaba su vida a la regeneración; familiares, amigos y deudos disfrutaban de la sombra, el oxígeno, flores y frutos cada vez que iban a rendirles su homenaje o alabar su memoria.
Cada muerto ofrendaba su vida a la regeneración; familiares, amigos y deudos disfrutaban de la sombra, el oxígeno, flores y frutos cada vez que iban a rendirles su homenaje o alabar su memoria.
Los picnics en los bosqueterios (como les decíamos) se hicieron habituales.
Cuando los árboles comenzaron a hablar, no nos extrañó. Hasta lo celebramos.
Tampoco nos asombramos cuando sus raíces se despegaron del suelo y dieron los primeros pasos.
Lamentablemente, no fue paradójico que poco tiempo después se formaran grupos y se declararan la guerra unos a otros.
Reconocemos que debimos haber escuchado a los que decían que el humano es, por naturaleza, corrupto.

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