A medida que la población fue adquiriendo conciencia, se multiplicaron en el planeta los entierros biodegradables. Los féretros y urnas fueron sustituidos por cápsulas en forma de huevo en las que los cadáveres, en posición fetal, eran enterrados con un retoño a elección. Los nuevos bosques suplantaron a los fríos mausoleos, las sepulturas de mármol y las cruces de madera.
Cada muerto ofrendaba su vida a la regeneración; familiares, amigos y deudos disfrutaban de la sombra, el oxígeno, flores y frutos cada vez que iban a rendirles su homenaje o alabar su memoria.
Cada muerto ofrendaba su vida a la regeneración; familiares, amigos y deudos disfrutaban de la sombra, el oxígeno, flores y frutos cada vez que iban a rendirles su homenaje o alabar su memoria.
Los picnics en los bosqueterios (como les decíamos) se hicieron habituales.
Cuando los árboles comenzaron a hablar, no nos extrañó. Hasta lo celebramos.
Tampoco nos asombramos cuando sus raíces se despegaron del suelo y dieron los primeros pasos.
Lamentablemente, no fue paradójico que poco tiempo después se formaran grupos y se declararan la guerra unos a otros.
Reconocemos que debimos haber escuchado a los que decían que el humano es, por naturaleza, corrupto.

Publicado en Lluvia de arañas, Macedonia Ediciones, Argentina, 2016, página 83.
ResponderEliminarPROYECTO CÁPSULA MUNDI
La población fue adquiriendo conciencia ecológica y se multiplicaron en el planeta los entierros biodegradables. Los féretros y urnas fueron sustituidos por cápsulas en forma de huevo en las cuales los cadáveres, en posición fetal, eran enterrados junto con un retoño vegetal a elección. Los nuevos bosques suplantaron a los fríos mausoleos, las sepulturas de mármol y las cruces de madera.
Cada muerto ofrendaba su vida a la regeneración; familiares, amigos y deudos disfrutaban de sombra, oxígeno, flores y frutos al ir a rendirles su homenaje o alabar su memoria.
Los picnics en los bosqueterios (como les decíamos) se hicieron habituales.
No nos causó extrañeza cuando los árboles comenzaron a hablar. Hasta lo celebramos. Al despegarse del suelo sus raíces y dar sus primeros pasos, tampoco nos asombramos.
No fue paradójico que poco tiempo después se formaran grupos con el objeto de dominarse unos a otros, y se declararan la guerra.
Debimos haber escuchado a los detractores de los bosqueterios, quienes decían que el humano es, por naturaleza, corrupto.