
Atraída por los extraños ruidos que hacía la pareja de exploradores, la gigantesca tortuga se asomó por la abertura de la carpa.
Suponía que estaban copulando y le daba curiosidad presenciar el acto, sobre todo porque tenía entendido, por rumores, que los humanos se quitaban sus caparazones para hacerlo.
Así era, y le pareció repugnante.
Teniendo en cuenta que ya hacía seis meses que la perseguían a ella y a su tortugo durante todo el tiempo, filmándolas con sus cámaras, incluso cuando se apareaban, no entendió por qué la mujer se alteró tanto al verla, ni por qué el hombre la atacó con un palo.
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