
En mis viajes exploratorios por el Universo arribé a un planeta
minúsculo, luego de atravesar una enmarañada y densa trama de pequeños
asteroides.
Cual si fuera un erizo de metal, vidrio y cemento, los rascacielos se
alzaban en toda la superficie.
“Extrajimos de sus entrañas todo lo útil”, explicaron.
“Lo redujimos a su mínima expresión”, agregaron.
Adoraban al único árbol.
Cuando nacía un niño, un voluntario dejaba su lugar en el planeta: trepaba
hasta la rama más alta y se soltaba. Los cuerpos permanecían orbitando.
Cuando partí presté más atención a los asteroides y pude ver algunos
rostros.
Sonreían.
Una necrópolis cósmica y planetaria, donde la muerte es voluntaria y no totalmente negativa; por algo sonríen los asteroides ¿verdad?
ResponderEliminarEsa imagen del erizo de metal tiene mucha visualidad, Nanim.
Me gustó mucho este aporte tuyo al concurso mensual de la IM.
Cariños,
MAB
Gracias, había muchos buenos micros participando y me gustaban varios. Es estimulante e inspirador escribir a partir de una imagen.
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