
He hecho testamento.
Ya decidí quienes heredarán mis casas, mis autos, el bote, la motocicleta y los muebles. También, dispuse sustanciosas sumas de dinero entre familiares y amigos. Mis objetos de arte más preciados irán a las manos de quienes yo deseo que conserven esos recuerdos. Determiné para quién es cada joya de mi colección.
Mi perro y los gatos, tendrán nuevos y amorosos hogares.
También aparté fondos para caridad.
Fue sencillo, lo hice con el corazón y el raciocinio, no sólo con la billetera. Tengo claro qué personas se merecen mi reconocimiento, cuáles necesitan más que otras, aprecio sus gustos y deseo recompensar a los más fieles afectos a la vez que me cuido de no ser despreciativo con otros, para no generar rencores post-mortem.
Me siento tranquilo con relación al destino final de mi patrimonio.
Pero no sé a quién nombrar mi heredero virtual, dudo a quién traspasar las cuentas de correo y redes sociales. Contienen demasiados secretos.
Ojalá pudiera saber con precisión el día y hora de mi muerte, para dar de baja todo, por prevención.
Estoy considerando seriamente la alternativa del suicidio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario