
La verdad es que fui mamá siendo virgen. Fuimos engendrados
simultáneamente por nuestra madre y nuestro padre pero mi hermano mellizo quedó
alojado dentro de mi vientre y permaneció en estado de embrión.
Nos comunicábamos con el pensamiento. Él no quería nacer,
tenía mucho miedo al mundo exterior.
Un día le dije “¡Basta! Debes crecer, nacer y serás mi
compañero de juegos, cuidaré de ti y ya verás que la vida es hermosa y muy
divertida”. Aceptó, pero a cambio prometí jamás contar cómo
fueron los acontecimientos, porque lo avergonzaba quedar como miedoso.
Yo tenía cinco años, siete meses y veintiún días cuando él
nació.
Ambos callamos, a pesar de las presiones y las denuncias, de
las dudas médicas y los análisis.
Cuando, ya de adultos, nos dimos cuenta que se trataba de un raro caso de "fetus in fetu", redoblamos nuestro pacto; nunca hubiera permitido que lo llamaran "gemelo parásito"... suena aún peor.
Promesas son promesas. Sagradas.
Promesas son promesas. Sagradas.
PD: Se aclara, por respeto a Genaro Medina (fallecido) y a Lina Medina Vasquez (quien aún vive)
que la precedente es una versión ficcional escrita por la autora de este blog.
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