Después de veintiseis millones de años, el último macho de su especie pastorea la sabana, acompañado de cerca por los guardias del parque, armados con fusiles, los mismos fusiles asesinos de su familia y a sus compañeros de manada.
Guarda en su memoria toda la historia de sus ancestros, desde los difíciles inicios compitiendo con enormes bestias peludas, plumíferas y acorazadas, hasta estos últimos siglos. ¡Oh, qué bellos han de haber sido aquellos milenios pasados pletóricos de comida verde y suculenta! ¡Con qué orgullo portaban sus cuernos y corrían libres por la llanura!
Imposibilitados de suicidarse y aún lejos de la muerte natural, él y las hembras sobrevivientes han tomado la decisión: no procrearán más. La Tierra ya no es un sitio agradable y seguro, al que traer hijos. No más asesinatos, no más experimentos, no más zoológicos.
Depositan su esperanza en que los especímenes que se fueron con las naves de los dioses, hayan tenido mejor destino en algún planeta sin humanos.
Publicado en Lluvia de arañas, Macedonia Ediciones, Argentina, 2016, página 81.
ResponderEliminarSUDÁN, EL ÚLTIMO RINOCERONTE BLANCO
Después de veintiséis millones de años en la Tierra, el último macho de rinoceronte blanco pastorea la sabana, acompañado por puñado de hembras y seguido de cerca por guardias del parque armados con fusiles.
Guardan en su memoria la historia completa de sus ancestros, desde los difíciles inicios compitiendo con enormes monstruos peludos, plumíferos y acorazados, casi todas extintos, hasta estos últimos siglos. ¡Oh, qué bellos han de haber sido aquellos milenios pasados, pletóricos de comida verde y suculenta! ¡Con cuánto orgullo portaban sus cuernos y corrían libres por las llanuras! Manadas numerosas, familias unidas… La nostalgia los turba.
Han tomado una decisión: no procrearán más. La Tierra ya no es un sitio acogedor y seguro al cual traer hijos. No los expondrán a más asesinatos, amputaciones ni experimentos, ni a ser exhibidos en jaulas.
Los pálidos rinocerontes depositan su esperanza en los especímenes que partieron en las naves de los dioses; quizás hayan tenido mejor destino en algún planeta sin humanos.