viernes, 24 de abril de 2015

110 - FILOSOFÍA VULCANA


Agradezco que ni ayer ni hoy haya habido viento. El polvo ceniciento despedido por el volcán se ha depositado sobre toda superficie y resquicio imaginable, de manera homogénea y tenaz. Un talco gris en suspensión empareja la vista desde acá al finito. 
Ningún color sobresale salvo que sea una supercie vertical, pero aún así, el espacio que la rodea teje una trama que apaga los tonos. Hay más silencio. Apenas algún pájaro confundido suelta un trino, o se oye el rodar de un vehículo que pasa lento.
Cuando salgo a la vereda a dejar la bolsa de residuos, veo algunas huellas de pasos impresas, como si los transeúntes fueran astronautas en la luna. Los que pasan no hablan, envueltos todos en barbijos, pañuelos y bufandas.
"Hoy no se barre ni se repasan los muebles", pienso.
Y me meto en la casa. 


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