sábado, 25 de abril de 2015

111 - DUERME, DUERME, KALACHI


Después que cerraron la mina y se produjo la gran migración, el ritmo de nuestras vidas se fue volviendo perezoso, dejamos de usar relojes, de correr tras objetivos materiales, de ocuparnos del mañana. El presente se expandió como un humo denso y dulce.
No nos percatamos de la lentificación y la modorra que invadía nuestros neurotransmisores y provocaba sueños prolongados hasta que fue demasiado tarde y eran más los dormidos que los desvelados.
Los científicos intentan explicar lo desconocido. Quizás sea el gas radón o el fantasma del viejo que enterramos vivo, o la tristeza de la ciudad que se deshabita y aferra nuestras almas, pretende retenernos, evitar que huyamos.
A pesar de la decisión de las autoridades, nos negamos a irnos; amamos este pueblo de edificios vacíos y destartalados, estatuas de tiempos idos y el aroma dulce que viene de la entraña de la mina. Lovecraft sería bienvenido y seguramente, aguardaría la llegada de su momento de sueño con elegante y creativa certeza.
Ya quedamos pocos en vela cuidando a los que duermen; no necesitan alimento, ni agua, los cubrimos con mantas para dar sensación acogedora a su descanso; hacemos rondas para recoger a los que caen en cualquier sitio y presiento que seré el último en mantenerme de pie.
Veo las expresiones pacíficas y relajadas de los rostros de mi familia y recuerdo lo que contaban en sus períodos de lucidez acerca de sus vivencias extracorpóreas; ansío poder sentir lo mismo alguna vez. Creo que es otra dimensión. Suena en mi oídos la canción que hace años cantaban mis padres a mis hermanitos:

"Despierta, despierta, pequeño niño, 
despierta que es hora de jugar, 
despierta, despierta, mi angelito, 
vamos a estudiar.
Despierta, abre los ojos, no te duermas, 
despierta, mira y habla, ríe y canta,
no te quedes en sueños, no te vayas,
que mamá y papá y tus hermanitos, 
te aguardan con ganas de bailar."


Pero yo nunca me sumí en ese estado y aún estoy acá, deambulando con miedo de no dormirme nunca, temiendo haber sido elegido como custodio perenne de sus sueños eternos y llegar a ser el único fantasma de Kalachi.






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