
Después que cerraron la mina y se produjo la gran
migración, el ritmo de nuestras vidas se fue volviendo perezoso, dejamos de
usar relojes, de correr tras objetivos materiales, de ocuparnos del mañana. El
presente se expandió como un humo denso y dulce.
No nos percatamos de la lentificación y la modorra
que invadía nuestros neurotransmisores y provocaba sueños prolongados hasta que
fue demasiado tarde y eran más los dormidos que los desvelados.
Los científicos intentan explicar lo desconocido. Quizás
sea el gas radón o el fantasma del viejo que enterramos vivo, o la tristeza de
la ciudad que se deshabita y aferra nuestras almas, pretende retenernos, evitar
que huyamos.
A pesar de la decisión de las autoridades, nos
negamos a irnos; amamos este pueblo de edificios vacíos y destartalados,
estatuas de tiempos idos y el aroma dulce que viene de la entraña de la mina.
Lovecraft sería bienvenido y seguramente, aguardaría la llegada de su momento
de sueño con elegante y creativa certeza.
Ya quedamos pocos en vela cuidando a los que
duermen; no necesitan alimento, ni agua, los cubrimos con mantas para dar
sensación acogedora a su descanso; hacemos rondas para recoger a los que caen
en cualquier sitio y presiento que seré el último en mantenerme de pie.
Veo las expresiones pacíficas y relajadas de los rostros de mi familia y
recuerdo lo que contaban en sus períodos de lucidez acerca de sus vivencias
extracorpóreas; ansío poder sentir lo mismo alguna vez. Creo que es otra
dimensión. Suena en mi oídos la canción que hace años cantaban mis padres a mis hermanitos:
despierta que es hora de jugar,
despierta, despierta, mi angelito,
vamos a estudiar.
Despierta, abre los ojos, no te duermas,
despierta, mira y habla, ríe y canta,
no te quedes en sueños, no te vayas,
que mamá y papá y tus hermanitos,
te aguardan con ganas de bailar."
Pero yo nunca me sumí en ese estado y aún estoy
acá, deambulando con miedo de no dormirme nunca, temiendo haber sido elegido
como custodio perenne de sus sueños eternos y llegar a ser el único fantasma de Kalachi.
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