sábado, 22 de agosto de 2026

230 - CUANDO MUCHO ES DEMASIADO



El día que llovieron peces, salí a la calle con un gran canasto y lo llené hasta el tope. Se retorcían, desesperados por respirar, confundidos. Tan confundidos como estábamos nosotros, asombrados por el fenómeno inusual. Los llevé a la casa, los puse en la bañera, y la llené de agua. Algunos flotaron en la superficie, ya muertos. Los quité y los guardé en la nevera. Volví a salir y repetí la operación una y otra vez, hasta que no hubo más espacio en la bañera, ni en las piletas del baño, la cocina y el lavadero. Todos los baldes y palanganas y ollas se convirtieron en piscinas saturadas de peces y la heladera rebosaba de pescados. 

Mis vecinos hicieron lo mismo que yo y aún así, no logramos recogerlos en su totalidad. El municipio se encargó de juntarlos con maquinaria y los guardaron en la morgue.

Durante un año comimos pescado en todas sus variantes de recetas. Hasta el hartazgo. Ya no queríamos saber nada con ellos y su solo olor nos provocaba náuseas.

Cuando se aproximaba la fecha en la que había ocurrido la lluvia de peces el año anterior, nos reunimos en asamblea popular. Decidimos que, si volvía a ocurrir lo mismo, los recogeríamos y los venderíamos a los pueblos vecinos y con el dinero obtenido, compraríamos pollos o vacas o cerdos.  

https://www.instagram.com/reel/DaB3P6rJpQ9/?igsi=MWducHI1bGQzMWpsNA==