Manzana roja, manzana verde... nunca sé por cual decidirme. Ambas me gustan. La Red Delicious, con su piel tersa, roja oscura, grande y pesada en la mano, me ofrece su pulpa blanda y dulce. Mis papilas gustativas disfrutan y cada bocado es un regalo de fibra y azúcar. La Granny Smith, en cambio, un poco más pequeña, concentra un sabor ácido envuelto en esa piel delicada, verde brillante. Cruje cuando clavo mis dientes y su consistencia umami se deshace en mi lengua.
Muerdo una, muerdo otra, muerdo una, muerdo otra... y cuando al final sólo me queda un trozo de cada una, indeciso, meto ambos en mi boca y cierro los ojos mientras mastico.
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