Lionel busca en la tribuna una mirada que no existe. Sabe, también, que su padre no lo está mirando jugar en la pantalla de un televisor. Tampoco puede oirlo. No podrá llamarlo y escuchar su voz ni ver su rostro.
Hay vínculos únicos e irremplazables. Hay relaciones que construyeron una trama tan apretada que es irrompible y cuando la mitad de ella se desvanece físicamente, la otra mitad siente un vacío indescriptible.
Ama y es amado. Lo tiene todo: madre, esposa, hijos, amigos, compañeros de equipo. Millones de personas en el planeta lo idolatran. Gloria.
Pero no hay nadie ni nada que pueda aliviar el dolor, minimizar el desgarro del alma.
Será difícil, pero de a poco entenderá que su padre lo mira más y mejor que nunca, ahora, desde el éter.
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