El primer robot creado a imagen y semejanza humana, era tan pero tan humano, que nadie creía que fuera un robot. Su popularidad se extendió por el planeta.
Un día descubrieron que había un humano idéntico al robot. Era un humano anónimo, de ínfima existencia e intrascendente que, de pronto, se hizo famoso.
El humano comenzó a sacar ventaja del parecido.
Los creadores y dueños del robot lo demandaron, por utilizar en su beneficio la celebridad de la máquina.
Los debates al respecto de este dilema abarcaron lo moral, ético, legal, emocional, económico, científico, psicológico y hasta lo religioso. Ocuparon horas de los programas de chimentos, convocaron conferencias con paneles de especialistas, los gobiernos se involucraron.
Se organizó un encuentro a solas entre el robot y el humano, sin cámaras, sin micrófonos, sin testigos. Cuando ambos salieron del cubículo, tomados de la mano y sonriendo, nadie pudo distinguir ninguna diferencia.
Desde entonces, ellos viven juntos y no permiten que nadie los separe ni intente revelar cuál es cuál.

No hay comentarios:
Publicar un comentario