En la isla de los caracoles, todo es espiralado. Las casas se enroscan y desenroscan sobre calles que giran sobre sí mismas como laberintos. Traspasamos una puerta, recorremos un pasillo, desembocamos en un cuarto, hallamos a un vecino durmiendo en nuestra cama, cenamos en el comedor de unos amigos, vamos al baño de un pariente, salimos a un patio donde encontramos a unos conocidos que nos invitan a disfrutar de la piscina.
Así es nuestra vida comunitaria y a nadie le molesta el entrevero.
Nuestro código de convivencia es muy sencillo: dejar el lugar igual o mejor a cómo lo encontramos al llegar. Y en cada sitio escribimos notitas avisando que estuvimos allí, porque se hace difícil coincidir con la esposa, o los hijos, o encontrar a nuestros padres, para que sepan que los recordamos y los amamos.
https://www.instagram.com/reel/DagjMxeldgK/?igsh=MXNxanNjMG1lbWhqbg==

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